La cuenca del río Guacimal históricamente un punto de encuentro para familias rurales, agricultores, emprendedores y visitantes atraviesa una de sus mayores amenazas en décadas. Ante el avance de la extracción de piedra y arena, representantes comunales de Guacimal, Chomes, Monteverde y organizaciones del Corredor Biológico Pájaro Campana acudieron al Concejo Municipal de Puntarenas para solicitar una moratoria inmediata que suspenda nuevas autorizaciones de explotación mecanizada en el cauce.
Las comunidades detallaron que el impacto ya no es hipotético: dos concesiones están operando actualmente en el río y existen 11 solicitudes adicionales en trámite, lo que comprometería cerca de 20 kilómetros de su extensión total. No se trata solo de remoción de material: la actividad ha provocado profundización y ensanchamiento del cauce, erosión acelerada, pérdida de biodiversidad y deterioro de áreas de recarga hídrica, afectando directamente fincas, senderos y accesos tradicionales al río.
“Un río sano beneficia a miles de personas, no a unas pocas”, recordaron las voceras ante el Concejo.
El Guacimal no es únicamente un cuerpo de agua; sostiene economías locales asociadas al turismo rural, experiencias culturales, producción agrícola y recreación familiar. La presión extractiva desplaza a habitantes que históricamente usaban el río para bañarse, pescar o reunirse, y afecta emprendimientos que dependen del paisaje y la calidad ambiental. A diferencia de una concesión que concentra beneficios económicos en muy pocas manos, el río sano genera bienestar difuso pero sostenido para toda la región.
Uno de los proyectos que más alarma genera es el de WSP Constructora S.A., que plantea instalar un quebrador de piedra, una planta de concreto en finca colindante y extraer material directamente del cauce. Las comunidades cuestionan la falta de claridad sobre la fuente de agua para los procesos industriales y el manejo de aguas residuales alcalinas asociadas al concreto, capaces de dañar la salud humana, contaminar cuerpos de agua y comprometer zonas de infiltración subterránea. A esto se suma el tránsito de maquinaria pesada, polvo y ruido industrial.
El río Guacimal forma parte del Corredor Biológico Pájaro Campana, una conexión esencial entre bosques nubosos, zonas agrícolas y manglares costeros. La fragmentación de su cauce no solo afecta especies acuáticas: interrumpe rutas biológicas, reduce resiliencia ante el cambio climático y amenaza la estabilidad de acuíferos que abastecen a comunidades rurales durante la estación seca.
La propuesta de moratoria solicita suspender nuevos permisos en el rio Guacimal, ordenar un estudio técnico-científico independiente que determine la capacidad real de la cuenca y abrir procesos de participación comunitaria antes de autorizar cualquier otra intervención. No se trata de negarse al desarrollo, insistieron los líderes locales: es una exigencia de orden, transparencia y respeto territorial.
Guacimal y las comunidades del corredor han dejado el mensaje claro; el río es patrimonio vivo y su defensa es defensa de la salud, la economía rural y la memoria colectiva. La decisión queda en manos del Concejo Municipal; la movilización, en manos del territorio.
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