En los bosques de montaña de Costa Rica hay un sonido inconfundible que muchos han escuchado, aunque no siempre logran ver a su autor. Se trata del pájaro campana, una de las aves más curiosas y llamativas del país, famosa por su potente canto metálico que puede escucharse a grandes distancias.
El macho del pájaro campana es fácil de reconocer cuando se deja ver. Su plumaje es de un cobrizo rojizo brillante, con la cabeza y el pecho blancos, y tres largas carúnculas negras que cuelgan desde la base de su pico, como si fueran pequeños cordones. Estas “barbas” no son un adorno cualquiera: son una de las señales más claras de su identidad. La hembra, en cambio, es más discreta; no tiene carúnculas y su plumaje verde oliváceo le permite camuflarse mejor entre las ramas del bosque.

Pero si hay algo que realmente distingue a esta especie es su canto. Durante la época reproductiva, el macho emite un sonido conocido como “boinj”, tan fuerte que puede escucharse a más de medio kilómetro de distancia. De hecho, el pájaro campana es considerado una de las aves más ruidosas del mundo. Lo más interesante es que su canto no es siempre igual: lo aprende y lo va modificando a lo largo de su vida, lo que hace que cada individuo tenga su propio estilo.
El pájaro campana también es un viajero de altura. En los meses de reproducción habita los bosques húmedos de montaña, entre los 1.200 y 2.100 metros sobre el nivel del mar, pero fuera de esta temporada desciende a zonas más bajas en busca de frutos, su principal alimento. Gracias a esto, cumple un papel importante como dispersor de semillas y aliado natural del bosque.
Escuchar al pájaro campana es, para muchas personas, una experiencia inolvidable y una señal de que el bosque sigue vivo. Una muestra más de la riqueza natural que habita en silencio… hasta que su canto la hace imposible de ignorar.
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