El almendro de montaña (Dipteryx panamensis) no es solo un árbol majestuoso de los bosques tropicales de Costa Rica, sino un verdadero pilar ecológico para decenas de especies. Su importancia va mucho más allá de su altura o longevidad: este árbol centenario es esencial para el equilibrio del ecosistema y la supervivencia de especies tan emblemáticas como la lapa verde.
Un árbol que define el ecosistema.
El almendro de montaña crece principalmente en la zona norte y el Caribe de Costa Rica, con poblaciones menores en la Península de Osa. Puede alcanzar hasta 60 metros de altura y vivir entre 200 y 300 años. Durante su adultez, desarrolla cavidades naturales en su tronco, las cuales son utilizadas por aves y otros animales para anidar. Sin embargo, este proceso puede tardar más de un siglo, lo que hace que cada individuo adulto sea sumamente valioso.
Una plataforma de vida.
El almendro no solo ofrece refugio, sino también alimento. Produce hasta 40.000 frutos por temporada, siendo una fuente crucial de energía para más de 60 especies de animales, entre ellas guatusas, pisotes, ardillas, pavas, dantas y muchas más. Estudios con cámaras trampa han documentado al menos 16 especies que consumen directamente sus frutos.

Además, en su copa habitan aves, monos, ranas, polinizadores, bromelias y orquídeas, convirtiéndolo en una verdadera plataforma ecológica. La desaparición del almendro, por tanto, compromete toda una red trófica y pone en riesgo la funcionalidad del ecosistema.
Amenazas al gigante del bosque.
Aunque existen leyes que protegen al almendro, su madera sigue siendo altamente codiciada. La creación de una veda que prohíbe su tala, si bien fue positiva para la conservación, aumentó el valor ilegal de su madera. Esto ha incentivado la extracción clandestina.
En zonas donde antes se encontraban hasta siete árboles por hectárea, hoy en día solo queda uno. La especie está ahora catalogada como vulnerable por la UICN y en peligro de extinción en Costa Rica.

Esperanzas de restauración.
Frente a esta realidad, diferentes organizaciones han impulsado acciones concretas. El Centro Científico Tropical y otras iniciativas locales en zonas como Sarapiquí y Monteverde trabajan en:
• Programas de reforestación con almendro de montaña.
• Producción y distribución de árboles desde viveros.
• Educación ambiental en comunidades.
• Sistemas silvopastoriles que integran árboles en fincas productivas.
• Proyectos que promueven el uso sostenible de la almendra, de alto valor nutricional y gastronómico.
Estas acciones buscan no solo restaurar las poblaciones del almendro, sino también reconectar fragmentos de bosque y garantizar un ecosistema funcional y resiliente.
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Este artículo es un trabajo de investigación de Zona Alta Medios. Agradecemos especialmente a Alexander González Vega, coordinador del Programa de Corredores Biológicos y Sistema de Reservas Privadas del Centro Científico Tropical de Costa Rica, por su valioso aporte.
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